miércoles, 28 de marzo de 2012

BUSQUEDA DEL AUTOR DE ESTE BLOG

ANTES QUE NADA, QUIERO AGRADECER LAS MAS DE ¡30.000! VISITAS QUE EL BLOG HA TENIDO HASTA HOY. CUANDO EMPECE CON ESTOS RELATOS, NO ESPERABA LLEGAR A TANTO NI EN MIS SUEÑOS. ASI QUE MUCHISIMAS GRACIAS A TOD@S.


ESTOY BUSCANDO CONOCER A MUJER ESCLAVA (O SUMISA) QUE TENGA POSIBILIDADES Y EL DESEO DE RELOCALIZARSE (VIVO EN EL BOLSON, RIO NEGRO), PARA LLEVAR ADELANTE UNA RELACION DENTRO DEL BDSM, PREFERENTEMENTE CON CONVIVENCIA (TAMBIEN PUEDE SER PARA RELACION BDSM SIN CONVIVENCIA Y HASTA OCASIONAL). INTERESADAS PODRAN ESCRIBIR A bdsmbolson@gmail.com. MUCHAS GRACIAS.

PD: GRACIAS A QUIENES SE COMUNICARON POR ESTE AVISO. LA BUSQUEDA CONTINUA.

jueves, 22 de marzo de 2012

A LA TERMINAL

Se detuvo por un instante. Todavìa no querìa acabar. Controlaba el ritmo, controlaba su excitaciòn. Controlaba todo.





Sintiò una gota de transpiraciòn corrièndole por la frente. Moviò un poco la cabeza. La gota bajò hasta la punta de la nariz y luego cayò sobre la espalda de su ¿futuro esclavo?.





Apoyò la cabeza de su pene sobre el agujero del culo y dejò caer todo el peso de su cuerpo durante el empujòn.





- Asì puta - dijo. Repitiò la frase una vez y otra y otra. No tuvo respuesta del otro lado. Un pedazo de cinta americana tapaba la boca de su...





Mientras cogìa el culo de su futuro esclavo, de su “esclavo a prueba”, mirò hacia un costado. Viò el nudo, preciso, firme, que detenìa la muñeca derecha del aspirante al extremo de la cama. No se detuvo y siguiò cogièndose al aspirante cuando mirò para atràs. Observò la cuerda alrededor del tobillo derecho de “esclavo sin nombre”.





Volviò a detenerse. Esta vez se retirò por completo de aquel culo. Se levantò de la cama. El aspirante tenìa la cara hundida en la almohada. Lo escuchaba llorisquear. Se arrodillò a un costado de la cama y dijo:





- ¿Paro de cogerte?.





El aspirante diò vuelta la cara. Sus cachetes estaban rojos. Estaba transpirado. Sus pelos mojados. Ni siquiera intentò hablar. Apenas si moviò la cabeza de lado a lado.





El Amo tomò una botella de gaseosa de la mesita de luz.





- ¿Querès?.





De nuevo el aspirante moviò la cabeza de manera negativa. Ràpidamente el Amo dejò la botella de dònde la habìa tomado, se montò sobre el aspirante y volviò a penetrarlo. Enseguida estaba cogièndoselo a toda velocidad. Los almohadones bajo el vientre del candidato a esclavo le dejaban el culo en una posiciòn ideal. Esta vez se agarrò de los pelos del aspirante, los envolviò entre sus dedos y tirò de ellos casi sin piedad.





“Sin piedad” pensò. “Hablamos y èl dijo - Sin piedad -. Sin piedad”.





Su cadera golpeaba con fuerza el cuerpo lampiño de aquel aspirante que, hasta hacìa apenas una hora, tal vez unos minutos màs, nunca habìa estado con otro varòn ni habìa sido sometido. Dos primeras veces en una sola vez.





El Amo gimiò cerca del oìdo del aspirante mientras no dejaba de moverse. Controlaba su excitaciòn. No querìa acabar. Todavìa no habìa decidido dònde iba a hacerlo, si dentro del culo de su “perra” o en su boca.





- Si te viera tu madre... - le dijo al oido





Sonriò.





Disminuyò el ritmo de penetraciòn. Tenìa todo el cuerpo transpirado. Se retirò del aspirante y se quedò tomando aire por unos momentos. Bajò de la cama, fue hasta la mesa de luz, tomò un trago de gaseosa y prendiò la càmara de fotos. Cuando escuchò el ruidito de encendido (un sonido como de una puerta sin aceite en sus bisagras, pero a muy bajo volumen), el aspirante diò vuelta la cara. Seguìa roja. Sus ojos mostraban signos de preocupaciòn.





- No te preocupes. No las voy a hacer pùblicas hasta que seas mìa. Y si no sos mìa, las borro. Ya te lo dije - explicò. Tomò 10 ò 15 fotos.





Le gustaba hablarle asì al esclavo a prueba, cambiarle el gènero. Sabìa que aquello lo humillaba y el aspirantel estaba ahì para que èl lo humillara, lo usara, lo torturara. Incluso cogèrselo no iba sòlo de penetrarlo: era algo màs.





Lo mirò durante algunos segundos. El aspirante tenìa muy buen cuerpo. Còmo no tenerlo si acababa de recibirse de profesor de gimnasia. Era lampiño. El pelo apenas largo. Sus piernas estaban marcadas por la pràctica constante de deportes. La cola, bien. Si se convertìa en su esclavo (“esclava”, “perrita”, “nena”) le ordenarìa hacer ejercicios especìficos para que ese culo no estuviera solo “bien”, sino perfecto.





“¿Por què un varòn?” pensò. “¿Realmente voy a hacerlo mi esclavo?”. Pensò: “Quiero una esclava. ¿Esto es un esclavo de descarte porque no consigo esclava?. ¿No puedo conseguir porque soy un inùtil con las mujeres?. ¿O...?”.





No era un inùtil con las mujeres. Al menos con las vainillas. Como siempre, empezò por auscultarse a sì mismo. Enseguida se diò cuenta que tenìa lo suyo, pero que del otro lado... “mamita querida” pensò...





Sacudiò la cabeza, terminò de sacar algunas fotos, dejò la màquina sobre la mesita de luz. Se puso a un costado de la cama. Se diò cuenta que el aspirante lo miraba, asì que tomo el pomo de lubricante y se puso un poco màs de vaselina sobre el pene para que su perra lo viera. Tapò al pomo y lo dejò al lado de la cara del silencioso esclavo a prueba; volviò a subirse encima de èl y nuevamente lo penetrò hasta el fondo. Se escuchò un gemido ahogado y enseguida, la respiraciòn agitada del aspirante. Mientras lo penetraba con fuerza, le arrancò al candidato la cinta adhesiva de la boca. Este gritò.





- Ahhhhhh...





El Amo lo tomò de los pelos y le dijo al oìdo.





- Recièn empezamos.





El candidato no respondiò Sentìa un dolor intenso, insoportable. Pero no le importaba. Estaba donde querìa estar. Estaba, còmo decìa, “como merezco estar, porque soy esclavo”. Le dolìa el culo, su ano hervìa, sentìa cada penetraciòn y no lograba entender còmo habìa llegado ahì. Pero no le importaba. Todo lo que le importaba era servir y ser usado, aprender y convertirse en un perro... “en una perra fiel” pensò.







El Amo dijo:





- Pensar que nos quedan 13 dìas màs. ¿Vas a quedarte para toda la prueba o ya te arrepentiste?



- No Señor. No estoy para nada arrep...





La frase quedò cortada por un gemido. El Amo habìa acelerado de vuelta el ritmo de penetraciòn. No le daba descanso.





“Va a ser mìo” pensò. Pensò tambièn en lo de “descarte”. De repente se acordò de “El protegido”. No en la calidad de la pelìcula (aburrida, mala, previsible) sino en la idea del personaje de los “huesos de vidrio”: màs que el protegido, Bruce Willies era el elegido, el que habìa pasado la prueba. Pensò en si la comparaciòn era buena. Decidiò que no tanto. Dejò de pensar en eso y se concentrò en su perra.





Le desatò las manos, con cuidado, luego los tobillos. Le pasò el brazo alrededor del cuello y le dijo





- Arrodillate.





El esclavo sin nombre obedeciò.





- ¿Duele?.



- Si Señor.



- Separà las piernas.





El Amo se afirmò sobre sus rodillas y dijo





- Venì





Acomodò su pija y entonces volviò a penetrarlo.





Mientras rodeaba el cuello de su futuro esclavo con el brazo izquierdo, retorcìa uno de sus pezones con la otra mano. El aspirante gemìa cada vez con màs fuerza.





- Y asì termina nuestra primera sesiòn - dijo el Amo. Entonces, acabò dentro del culo de su futuro esclavo.





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Mirò hacia abajo, a la espalda del esclavo a prueba.





- Te vas a llamar Andrea - dijo.





Se agachò y dejò el plato con ensalada delante de la cara de “Andrea”.





- Comè.





Luego se sentò a almorzar. Se sirviò fideos con salsa preparada con cebolla, ajo, cigoulet y chorizos cocinados en ella. Cuando se sintiò completo (no comìa màs de lo que sentìa que debìa comer. Detestaba la gula) devolviò las sobras a la sartèn. Dejò el plato en el piso y ordenò





- Limpialo. Tiene que brillar.





“Andrea” se esmerò. Vestìa medias blancas 3/4, botitas, bombacha y una remera que le dejaba toda la panza al aire.





“Andrea” se retirò y dijo





- Terminè Señor.





El Amo tomò el plato y lo revisò.





- Brillante - dijo. Agarrò la correa de encima de la mesa, la enganchò en el collar de “Andrea” y se la llevò para afuera, a dar una vuelta por el jardìn.





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- Una de las ventajas de vivir en un pueblo como este - dijo el Amo - es que uno no necesita mucha plata para estar bien. Eso y que las propiedades valen menos que en la capital. Mucho menos. Con lo que saquè cuando vendì la casa que tenìa allà, me comprè esta casa, y tres departamentitos en el centro...bueh...acà a 8 cuadras...el centro - sonriò. - Trabajo un poco para estar entretenido, pero podrìa dedicarme nada màs que a hacer lo que me gusta sin laburar. Imagìnese puta, no pago alquiler y encima gano lo que gano con los alquileres... Por eso tengo tanto tiempo para esto...





El futuro esclavo estaba atado a una silla. Sus pezones, apretados por los broches de una percha que a su vez colgaba del techo mediante una cadena fina, lo que provocaba que el dolor estuviera doblemente exarcebado para el aspirante. Llevaba gagball con gancho, que tambièn colgaba del techo mediante otra cadena. La saliva le caìa por los costados de la boca.





El Amo lo masturbaba frenèticamente. Llevaba un guante descartable en la mano derecha. Dejaba alcandidato al borde del orgasmo y se detenìa. Una y otra vez. De tanto en tanto, cuando sentìa que la respiraciòn del aspirante se calmaba, le estiraba el pene y lo pisaba con sus borcegos.





- Agggghhhhh.





Luego, vuelta a masturbarlo.





Venìa torturàndolo de esa manera desde el primer dìa. Tambièn venìa amenazàndolo con hacerlo acabar sobre sì mismo y luego seguir torturàndolo sin màs tràmite. Siendo varòn sabìa lo que siente un varòn luego de acabar, ese bajon repentino, esa desapariciòn instantànea de la adrelina, ese momento de querer retirarse y no hacer nada màs. Torturar a un varòn, cogèrselo, forzarlo a practicar una fellatio despuès que acabò, multiplicarìa la humillaciòn a niveles ilimitados y tambièn el propio placer del Amo. Ni que hablar de obligarlo a tragar su propio semen o lamerlo del piso...y luego continuar torturàndolo. Pero para eso faltaba.





Pero no para lo primero. Esta vez, el Amo no se detuvo. Lo masturbò, provocàndole dolor, tirando adrede la piel del pene bien para atràs en cada movimiento, casi con violencia.





- ¿Acabàs?.





Los ojos del aspirante estaban rojos. Su respiraciòn, acelerada. De repente apenas si moviò la cabeza, impedido por el gancho que salìa de su boca.





El Amo apuntò la cabeza del pene hacia el vientre del esclavo. Un chorro potente de semen saliò de el. El aspirante comenzò a estremecerse aunque no pudo moverse pràcticamente nada, debido a las ataduras. El semen eyaculado chocò contra la parte baja del pecho del futuro esclavo. Fueron uno, dos chorros y luego un montòn de semen que se volcaron sobre el propio pene de “Andrea” y sobre la mano enguantada del Amo.





- Asì - dijo el Amo. - Asì.





Mirò al candidato, viò como comenzaba a desinflarse, còmo el bajòn empezaba a apoderarse de èl.





- Si, puta - dijo. - Mirà -. Puso su mano enguantada cubierta de semen delante de los ojos de la perra. Con la otra mano desenganchò la cadena de la gagball. - Mirà - dijo acercando su mano a la cara del esclavo. Puso el guante cerca de su nariz para que este oliera su propio semen. La mirada de bajòn se convirtiò en mirada de displacer.





- Sentilo -. Acercò la mano un poco màs. Luego simplemente se limpiò el semen del guante en la cara de su perra. Apoyò la mano en el vientre del candidato y extendiò el semen por su vientre. Cuando terminò, volviò a limpiar su guante en el rostro de “Andrea”.





Sintiò como la humillaciòn de su futuro esclavo se le hacìa piel y la erecciòn que tenìa pareciò volverse màs dura. Retirò los broches de los pezones de “Andrea”, desatò sus piernas, desatò sus brazos, lo llevò a la cama y se lo cogiò durante los siguientes 25 minutos. Luego de acabarle en la cara, sobre el semen seco del propio esclavo, lo mandò a un rincòn del dormitorio y lo dejò allì, arrodillado y con las manos cruzadas en la nuca durante la siguiente media hora.





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Echò una mirada a “Andrea”, arrodillado en el rincòn, las manos tras la nuca. Se acomodò en el sillòn y revisò los mensajes en su celular. 3 mensajes. Uno de su madre “¿Te parece que vaya la semana que viene?”





- Si es el sàbado sì. Antes no.





2 mensajes de amigos, uno de Capital, otro del pueblo.





El pueblo quedaba a menos de media hora en auto de una ciudad un poco màs grande, aunque no tan grande como para producirle fobia. Habìa cine, un par de teatros y hasta cada tanto algùn recital. No estaban lejos de Capital, unas 5 horas y algo en auto, 6 y pico en micro. Por eso le llamaba tanto la atenciòn la cantidad de meses de contactos no concretados con esclavas que juraban y perjuraban que estaban en condiciones de relocalizarse para estar con su Amo. El viaje no era caro. En màs de una oportunidad se habìa ofrecido a pagar los pasajes. Ni hablar la estadìa. Sin embargo, aquì estaba. De todas las supuestas esclavas con las que habìa chateado, a veces por meses y meses, sòlo “Andrea” habìa llegado hasta ahì. Y “Andrea” no era una mujer.





Recordò a Susy42, la que tenìa una inmobiliaria. Se decìa haber nacido para ser esclava. “Mi educaciòn prusiana” agregò. Chatearon por semanas. Ella le contò còmo habìa viajado hasta Francia para conocer a un Amo. ¡Hasta Francia!. Sin embargo se enojò y se puso como loca y le escribiò unos mails ofensivos en los que lo llamo “cerdo” (lo que lo sorprendiò, porque lo habìan insultado de muchas maneras a lo largo de su vida, pero jamàs le habìan dicho cerdo) cuando se diò cuenta que èl no vivìa en Capital (cosa de la que no se habìa dado cuenta al contactarse por primera vez).





- Pero estoy a 6 horas en micro. ¡Viajaste hasta Francia para conocer a un Amo!. No te podès enojar porque no estoy en Capital.





Pero no hubo caso.





Se acordò de “slave”. Chatearon durante 3 meses, horas y horas por dìa. Ya no habìa nada màs que chatear despuès del primer mes y medio. Pero ella querìa “conectarse”. Comenzaron a comunicarse en septiembre. Prometiò que viajarìa en diciembre. Pero a medida que se acercaba la fecha, ella se fue poniendo cada vez peor y peor. Querìa chatear màs y màs horas (cosa que èl no soportaba hacer màs allà de los 45 minutos). Cada dìa “corrìa el arco” con nuevas exigencias hasta que, llegado el momento de fijar fecha definitiva para el viaje, desapareciò.





Despuès, justine, con minùscula. Ella lo contactò. “Tengo interès de ponerme en contacto con ud.” le escribiò. El chequeò su perfil. No decìa “sumisa”. Decìa “esclava”. Chatearon por 3 horas, una locura. Pero coincidìan en todo. En todo. Se entusiasmò. Ella le dijo “Busco un Amo que sea capaz de tratarme como un objeto. Quiero ser un objeto. Nada màs”. El se entusiasmò aùn màs. Quedaron para chatear la siguiente tarde, a las 7.





A las 8 el fue hasta el ciber y se conecto. Abriò el messenger, pero ella no apareciò sino hasta las 9 y 15. “Estoy muy ocupada trabajando. Màs tarde me conecto”. - ¿Trabajando a esta hora? - preguntò èl. Pero ella ya no respondiò. A las 10 entrò durante 20 segundos, no le escribiò nada y luego desapareciò. Dos dìas despuès le mandò un mail.





- No estoy preparada. Suerte.





Podrìa haber terminado ahì. Pero no.





Aquel primer contacto fue en diciembre. A principios de marzo ella lo contactò de vuelta. El respondiò con desconfianza, pero los dìas fueron pasando y la “charla” era amena. Un dìa èl le dijo que no sabìa su nombre y que preferìa no saberlo, ya que querìa tratarla como un objeto..





- Por eso dejè de chatear la otra vez con vos: porque me querìas tratar como un objeto





“Whatwhatwhat?” (la madre de Cartman en “South Park: la pelìcula”).





Podrìa haber terminado ahì. Pero no.





Siguieron en contacto. El dudò pero siguiò chateando. Ella le contò que a principios de enero habìa visitado a un Amo en Ushuahia. El le dijo que sus intenciones eran serias. Querìa saber dònde quedaba parado con eso.





- No te preocupes - le dijo. - Esa historia ya se terminò.





La hija de justine estaba terminando de estudiar un postgrado en un pueblo a 1 hora y media de dònde èl vivìa.





- Viajo en abril, para el 10 o el 15 màs o menos. A la vuelta podrìa pasar a visitarte y quedarme con vos, asì probamos - dijo ella.





Unas dos semanas despuès, èl le pidiò una foto. Ella le mandò dos. El las cargò en un pendrive, pero al llegar a su casa, su computadora no leyò los archivos. Estaban arruinados. Durante los siguientes 4 dìas no se encontraron en el chat. Al 5º dìa sì. El le pidiò las fotos de nuevo.





- No me parece correcto mandarte fotos. Yo tengo Amo.



- ¿Amo?. ¿Còmo que tenès Amo?. Me dijiste que no me preocupara por el Amo de Usuhuahia. Me dijiste...



- Noooo...ese no es mi Amo. Yo tengo Amo.



- ¿Còmo que tenès Amo?. Pero...ahora me decìs?.



- Si te lo dije.



- Nunca me lo dijiste.



- Bueno, igual no te voy a mandar las fotos. No me parece correcto.



- Pero me las mandaste hace 5 dìas.



- Bueno...



- ¿Còmo es eso que tenès Amo?.



- Si. Aunque hace 8 meses que no lo veo.



- ¿8 meses sin verlo?. Entonces no tenès Amo.



- Si, tengo.



- ¿Es ciber Amo?.



- No, por internet me ignora



- ¿Hace 8 meses que no lo ves, te ignora por internet?.



- Si



- ¡Entonces no tenès Amo!.



- Si que tengo.



- Pero ¿para què chateamos todo este tiempo?. No entiendo.



- No se què habràs pensado.



- Que ibas a visitarme cuando vinieras a ver tu hija.



- Yo no te dije eso.



- Uy Dios, a vos te falla el moño.



- Sos un irrespetuoso. Asì no sigo chateando con vos - dijo y eso fue lo ùltimo que escribiò antes de desconectarse.







Se levantò del sillòn y se acercò a su futuro esclavo. Pensò en decirle “andà a lavarte”. Pensò en decirle “venì, limpiate”. Pensò en que podrìa haberle dicho todo eso. En cambio dijo





- Abrì la boca





y lo salivò una, dos, tres veces. Despuès sacò su pija de adentro de su pantalòn y lo orinò.





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Consiguiò hundirle el puño completo en el culo el dècimo dìa de la visita. “Andrea” estaba totalmente femeneizado, incluyendo maquillaje en la cara y ls uñas de manos y pies pintadas de negro.





Le llevò casi 3 horas conseguir la dilataciòn completa de aquel culo. 3 horas de trabajo y paciencia. En dìas anteriores habìa logrado insertarlo 2 y hasta casi 3 consoladores en el culo. Pero el puño no entraba. Finalmente, aquel mediodìa, lo logrò. Filmò todo el proceso. Tuvo que borrar y volver a grabar varias veces. Cuando parecìa que el puño penetraba por completo el ano de su futuro esclavo, este se negaba (el culo, no el esclavo). Usò muchìsima vaselina y varios pares de guantes descartables.





Estaba cansado. Su esclavo tambièn. En cierto momento pensò en abandonar la tarea y, simplemente, enterrar un embudo en el culo del candidato y hacerle una enema de orina. Pero siguiò intentando “un poquito màs” dijo en voz baja.





En ese ùltimo intento lo logrò.





La sensaciòn fue sublime. Viò como su puño se perdìa en el culo abierto de su puta y tuvo una erecciòn sublime.





- A la mierda - dijo.





Con la mano que le quedaba libre, pasò el ìndice por el ojal que tenìa la màscara que llevaba puesta “Andrea”.





- Ahì està.





Pensò en la inutilidad del maquillaje de su puta.





- Què boludo...¿para què le hice poner maquillaje si despuès le puse la màscara?. Que nabo...





Pero entonces viò los ojos pintados del candidato y sonriò.





Comenzò a sacar el puño (derecho) del ano de su perra. Lo sacò hasta los nudillos, el punto en que el ano màs se dilataba. Lo dejò ahì unos segundos. Gozò de aquel momento eterno.





- Chupa - le ordenò al futuro esclava mientras le metìa varios dedos de la mano izquierda en la boca. Luego, con la mano hùmeda por la saliva de su perro, comenzò a masturbarse.





Chequeò la luz de la càmara. El pequeño led rojo titilaba. Seguìa filmando.





Metiò la mano dentro de la bombacha de “Andrea” y tirò de los testìculos del candidato al tiempo que hundìa el puño con fuerza nuevamente. Apretò los testìculos hasta aplastarlos por completo y empezò a bombear con el puño dentro de la ano de su puta.





Recordò la primera vez que hizo un fisting. Fue vaginal. Recordò la sensaciòn al terminar de penetrar la vagina. Al abrir la mano y girarla dentro del vientre de la sumisa. Recordò la sensaciòn de naturalidad con que lo hizo. Recordò cuando despuès de dejarla descansar le ordenò





- Ponete en cuatro





y como le practicò otro fisting a pesar de los ruegos para que no lo hiciera. Recordò las mujeres vainillas a las que se lo practicò, la sorpresa que sintiò la primera vez que se lo propuso a una y esta aceptò.





Volviò a concetrarse en los testìculos de la perra. Los estirò, los retorciò, los tironeò, todo mientras jugaba con su puño dentro del ano del candidato. Pensò





- Nunca me voy a cansar de esto.





Y era muy cierto.





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Terminò de atar la mordaza del candidato. Lo tapò con una sàbana, se recostò a su lado y dijo





- Hasta mañana.





Apagò la luz del velador y se quedò mirando el techo en la oscuridad.





Recordò a “ladonna” una chilena de 20 años de edad que estudiaba en Temuco y que deseaba desesperadamente convivir con un Amo mayor de 40 años. Ella querìa segui0r estudiando, asì que èl averiguò todo para ver si ella podìa seguir su carrera en la ciudad que estaba a media hora del pueblo. No habìa problemas. Ella, escribìa, estaba “feliz”. Chateaban todas las noches. Estaban viendo en què fecha ella viajarìa para que se conocieran. Entonces llegò para “donna” la època de exàmenes finales en su facultad. Y desapareciò. Simplemente desapareciò. El le escribiò una, dos, tres veces. Dejò pasar unos dìas y le mandòd un mail que terminaba diciendo “es mi culpa. El que se acuesta con NIÑOS amanece meado”.





Dos semanas màs tarde, se diò una vuelta por el Facebook de “Donnita”. Pero ya no era màs “Donnita”. Entonces era “Donnita de LB”.





- Que pendeja de mierda. ¿Quièn me manda a mi...?.





Otros casos eran màs sencillos de detectar en un estadìo no tan avanzado. Como el del cross (Katy sumisa) que, decìa, querìa ser convertida en mujer y convivir con su Amo, sirvièndolo, siendo su esclava y sierva. Los mails eran larguìsimos y enrevesados y parecìan un molde al que sòlo le cambiaba el nombre de a quièn se dirigìa. Encima, rara vez contestaba las preguntas que se le hacìan y divagaba a lo largo de renglones llenos de lugares comunes. Y despuès, las fotos...





- Pero esas fotos que mandaste... abajo tienen el nombre de una pàgina de internet.



- Es que se me rompiò la computadora y esas son las ùnicas fotos que me quedaron.



- Pero son de un sitio de internet.



- Mi anterior Amo me las sacò y me las hizo cargar ahì.



- Vos me estàs tomando el pelo...





O la que empezò a mandar fotos sin que se las pidiera. - Està muy muy muy muy buena. Acà hay trampa - pensè. Al segundo mail con fotos hice clic y botòn derecho sobre una de ellas. Apareciò un còdigo larguìsimo, lleno de una cantidad infinita de nùmeros y letras.





- Este no es el còdigo de archivo de una càmara de fotos.





Le mostrè una a un compañero de trabajo. Le dije





- Ese còdigo, ¿de què es?. De una càmara no es.



- No - me dijo sonriendo. Se fue hasta su computadora, donde tenìa abierto su Facebook, clickeò sobre una foto suya y cuando se ampliò, hizo clic sobre ella con el botòn derecho, propiedades y ¡voilà!, ahì estaba el mismo tipo de còdigo.



- Por ahì es de la mina - me dijo.



- Me dijo que se la habìa sacado para mandàrmela.



- Ah....





Siguiò pensando un rato màs en toda la locura que anda suelta por internet. No podìa dormirse. A tientas, en la oscuridad, manoteò de la mesa de luz el dilatador anal y la vaselina en pomo, se incorporò, buscò el culo de su futuro esclavo, atado y amordazado, le puso la vaselina y le insertò el dildo. Despuès se tapò de nuevo y dijo





- Ahora si: hasta mañana.





Medio minuto despuès estaba dormido.





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Estaban sentados en las sillas alrededor de la mesa. El Amo le habìa dicho al candidato





- Venì





mientras se golpeaba la rodilla izquierda.





El candidato se sentò sobre la rodilla de “su Amo” (èl ya se consideraba su esclava a pesar de que faltaran completar las formalidades del caso). Este le pasò un brazo por la cintura, con la otra mano lo tomò de los pelos y empezò a besarlo en la boca.





- Podès abrazarme putita.





El candidato abrazò a “su Amo” mientras se besaban.





Al Amo le gustaban los gemiditos que emitìa la perra cuando lo besaba. “Pensar que hasta hace 2 meses este andaba con una novia...”





- Puta…





Le encantaba llamarla asì. “Andrea” estaba bien, pero decirle “puta” le gustaba màs.





Despuès de un rato le dijo





- Sentate ahì.





El candidato obedeciò.





- ¿Querès venirte a vivir ac...?.



- Si - respondiò el aspirante casi sin dejarle terminar de hacer la pregunta.



- No digo acà a mi casa. Eso no me interesa...aunque obviamente te vas a quedar a dormir màs de una vez, o a no dormir, dependerà de mi ànimo. Digo, al pueblo.



- Si Señor.



- Entonces ¿estàs dispuesto a mudarte?.



- Si Señor.



- Ok. Vas a tener que buscarte laburo. No creo que tengas problema siendo profesor de gimnasia. Medio tiempo, a la mañana. Sòlo si no conseguìs a la mañana, vas a trabajar a la tarde. Pero prefiero que trabajes a la mañana.



- Pero.... - el candidato dudò unos segundos.



- ¿Què?.



- Con medio tiempo de trabajo no me va a alcanzar. Si no voy a vivir acà en su casa tengo que alquilar algo...



- No te preocupès por eso. Uno de los deptos que tengo en alquiler queda libre en 20 dìas. Te lo alquilo a vos por... - lo mirò y sonriò - 1 peso por mes.





El candidato sonriò.





- ¿1 peso?.



- Si, para poner algo. Digo, prefiero que firmemos un contrato de alquiler, aunque sea por esa cantidad. Asì no dependès de mi...digo, mirà si por ahì en no se...1 año se termina nuestra relaciòn por lo que sea... No te voy a echar a la calle porque ya no seas mi esclavo. No me parecerìa justo hacerte mudar y que despuès no tengas donde estar o...que se yo, por cuestiones legales. Dios no lo quiera, pero si me pasa algo, vos asì quedàs cubierto...



- Ok.





Se hizo un silencio.





- ¿En cuanto tiempo podès estar instalado?.





Al candidato le brillaron los ojos.





- No se...tengo que arreglar las cuestiones de laburo allà y no se... lo de mi ex...



- ¿Tu ex novia?.



- Si Señor.



- Ja. ¿Què màs?.



- Pelearme con mi vieja, porque seguro me va a romper las pelotas.



- See...me imagino. Son todas iguales.



- Si Señor. Y no se...



- Comprarte ropita con plata que yo te voy a dar y algunas cosas del sexshop que yo te voy a indicar.



- Si Señor.





Se hizo otro silencio.





- Entonces ¿firmamos el contrato ahora?.





El esclavo se mordiò el labio inferior. El Amo se levantò de la silla y fue a buscar unos papeles que estaban en un cajòn de la còmoda.





- Es el que te mandè por mail. No tiene ninguna modificaciòn. Pero igual leelo completo.



- Si Señor.





El (casi) esclavo leyò aquel documento completo. Tambièn el reglamento anexo y el tìtulo de propiedad. Luego, tomò una lapicera fuente que el Amo habìa dejado sobre la mesa, le sacò el capuchòn, lo calzò en la lapicera, y procediò a firmar todos los papeles.





- Dame tu mano derecha - dijo el Amo. Le pìnchò el pulgar de la mano derecha.



- Ay - exclamò el (ahora) esclavo.





El Amo dejò que la gota de sangre chorreara por el pulgar de su esclavo. Luego le pasò un paño de papel para sacar la sangre excedente y llevò la mano del esclavo hasta el papel, donde le hizo dejar la huella digital grabada al lado de la firma que acaba de estampar en el contrato de esclavitud.





- Limpiate bien.





El Amo mirò el bolso del esclavo.





- ¿En cuanto sale el micro?.



- En media hora Señor.



- Perfecto. Vamos a pedir un remise para que venga en 15.





El Amo fue hasta el telèfono, marcò el nùmero de la remiserìa y pidiò un auto para las 4 y cuarto. Despuès volviò hasta la mesa con un guante descartable en la mano.





- Parate y ponè las manos en la nuca - ordenò. Bajò el cierre del pantalòn del esclavo, buscò su pene (que estaba durìsimo) y lo masturbò hasta hacerlo acabar dentro del calzoncillo. Este lanzò un soplido largo y profundo al eyacular.





El Amo desprendiò el cinturòn de su perra y le desabrochò el pantalòn, que cayò al piso.





- Apoyà las manos en la mesa putita.





El esclavo obedeciò. El Amo le corriò el calzoncillo a un costado, con la mano enguantada y envaselinada (y algo manchada del propio semen de su puta) lubricò el culo ya dilatado para siempre de “Andrea”. Acto segudio abriò su bragueta, dejò que su pija dura saliera del pantalòn y se lo cogiò. Lo hizo con fuerza, con muchìsima fuerza.





- Esclavo - decìa y repetìa mientras lo penetraba una y otra vez, frenèticamente.





Llevò la mano enguantada a la boca del esclavo





- Chupala





A pesar del asco y la humillaciòn, el esclavo no dudo ni un segundo en chupar aquellos dedos inmundos.





El Amo seguìa cogièndoselo mientras miraba los contratos firmados y sellados con la sangre del esclavo.





- Al fin - dijo antes de eyacular dentro de aquel culo.





Se retirò del esclavo, no sin antes limpiarse unas gotas de semen en el muslo de su perra.





Sonò un bocinazo. Era el remise.





- Vestite y andate. Te espero en 20 dìas. Hasta la vuelta puta - dijo el Amo, mientras tomaba el control remoto y prendìa la televisiòn.





El esclavo se retirò. Sintiò su calzoncillo todavìa hùmedo con su semen, pegoteado contra su entrepierna. Sintiò las gotas del semen de Amo en su muslo y el culo aùn lubricado. Cuando levantò el bolso del piso, despuès de cerrar la puerta, sonriò de felicidad.





- Soy su esclavo - murmurò bien bajito antes de cerrar la puerta del remise y decirle al remisero - A la terminal.



martes, 29 de noviembre de 2011

BUSQUEDA DE EL AUTOR DE ESTE BLOG

ANTES QUE NADA, QUIERO AGRADECER LAS MAS DE ¡26.000! VISITAS QUE EL BLOG HA TENIDO HASTA HOY. CUANDO EMPECE CON ESTOS RELATOS, NO ESPERABA LLEGAR A TANTO NI EN MIS SUEÑOS. ASI QUE MUCHISIMAS GRACIAS A TOD@S.


ESTOY BUSCANDO CONOCER A MUJER ESCLAVA (O SUMISA) QUE TENGA POSIBILIDADES Y EL DESEO DE RELOCALIZARSE (VIVO EN EL BOLSON, RIO NEGRO), PARA LLEVAR ADELANTE UNA RELACION DENTRO DEL BDSM, PREFERENTEMENTE CON CONVIVENCIA (TAMBIEN PUEDE SER PARA RELACION BDSM SIN CONVIVENCIA Y HASTA OCASIONAL). INTERESADAS PODRAN ESCRIBIR A bdsmbolson@gmail.com. MUCHAS GRACIAS.

PD: GRACIAS A QUIENES SE COMUNICARON POR ESTE AVISO. LA BUSQUEDA CONTINUA.



AMO CARLOS

viernes, 14 de octubre de 2011

LA EX (SEGUNDA PARTE)

Entramos en la cabaña y Fernanda se sorprendió.

- Guau...mirá cómo está la cabaña. Que buena que está quedando. Cuántos cambios. Ya tenés el dormitorio casi terminado

- Si.

- ¿Y esta puerta?. La última vez que vine, hace como 2 años para un cumpleaños tuyo, vine con... -. Hizo una pausa. - No estaba, ¿no?.

- No no.

- ¿Adónde va?. ¿Al baño?.


No contesté.


- ¿Lo terminaste?.

- Fijate.


Abrió la puerta. El baño no estaba completamente terminado. El antebaño estaba con las paredes a medio construir. Pero la parte del inodoro estaba lista. No más baño de madera afuera.


- Uh...buenísimo - se entusiásmo. - Qué cómodo. Nada que ver con el otro, ¿no?.

- No. Mucha diferencia.

- ¿Y el dormit...?.

- Che...no vinimos a hacer un tour por mi casa - la paré en seco. - Hace no se cuántos meses que no te veo, nunca tuvimos mucha confianza y ahora me decís esto en el chat... Sentate.


Se sacó la campera y sus tetas quedaron a la vista bajo una remera blanca ajustada. Se dió cuenta que yo se las estaba mirando y se puso colorada de nuevo.


- ¿Qué cocino? - pregunté.

- No se...lo que quieras - me dijo sin mucho entusiasmo.

- ¿No tenés hambre?.

- La verdad que no.


Yo tampoco tenía apetito. Miraba sus cachetes colorados y sentía cómo pija iba poniéndose dura de a poco dentro de mi pantalón.


- Así que sos sumisa.

- Si - dijo bajando la vista.

- ¿Y qué más?.

- ¿Y qué más qué?.

- ¿Qué más?.


Se acomodó en la silla. Se notaba que tenía vergüenza de hablar. No me importaba.


- ¿Qué más?. Te dije que no quiero repetir las preguntas - dije con firmeza. Ella levantó la mirada por unos segundos y enseguida la bajó de vuelta a sus pies.


"¿Qué estoy haciendo?. ¿Esto es de verdad?".


- No se... - titubeó. - De chiquita, tipo 13, 14 años...ya tenía como esta cosa y...miraba películas de terror o de violencia y cuando veía que torturaban a alguien o que le provocaban dolor... me ponía como loca y rebobinaba las pelis y volvía a ver esas escenas donde alguien gritaba mucho y me masturbaba como loca...quería...sufrir...sentir dolor, no se...sentir mucho dolor. Me pegaba en las piernas con la regla de plástico del colegio y...Bueno...no sabía qué era eso y bueno...


Se quedó en silencio.


- ¿Y?


Bajó la vista de nuevo.


- Y nada...más...por muchos años. No se...eso duró un tiempo. Después conocí a mi primer novio-novio, el primero con el que tuve relaciones y...no se...me fui olvidando.

- ¿Y ahora te acordaste?.

- No -.


Se quedó callada.


- Con internet empecé a navegar y digamos...redescubrí... - dijo moviendo un poco las manos - ...esto...Pero después de vuelta, no se, no me animaba, hacía como 4 años que estaba en pareja y mi pareja me parecía que nada que ver...

- ¿Nunca le preguntaste?.

- Nooooo.


Me levanté, fui hasta la heladera, saqué una gaseosa y serví un poco a cada uno en dos vasos.


- Tomá.

- Gracias.


"Ya te voy a escuchar decir "Gracias Señor"".


- ¿Y alguien más sabía de esto?.

- No. Bah, tengo...Mónica, vos la conocés.

- Si, tu amiga, la que tiene la mejor cola del pueblo.


Me fulminó con la mirada.


- ¿Qué?. Tiene la mejor cola del pueblo. ¿O te vas a poner celosa de que diga la verdad?.


Notaba como se iba poniendo colorada, pero no de vergüenza.


- A ver a ver...vamos a aclarar un par de cositas...perrita... - dije, haciendo hincapié en la palabra "perrita". Fernanda se quedó perpleja. - Que vos estás acá porque me dijiste que, siempre según vos, sos sumisa... ¿Te humilla que hable tan bien de la cola es-pec-ta-cu-lar de tu amiga?.


Se quedó callada. Parecía que estaba haciendo pucheros.


- Mmm...si...Guillermo me dijo que sos una caprichosa.

- ¿Eso te dijo ese...?.

- Shshshsh. Caprichosa. Quedate callada.


Pensé que iba a explotar de rabia.


- Dejá el vaso en la mesa. Mirá al piso.


No sabía si seguir presionando y contarle que Guillermo, su ex, hacía rato que se la estaba cogiendo a su "amiga", y que esa cola se la entregaba completa y cada vez que se encamaban. No digo que se la cogiera mientras Guille y Fernanda eran pareja. No es eso. Pero ahora su gran "amiga" no le estaba contando todo sobre sus actividades sexuales.

Miré la mesada. Estaba vacía. Extrañamente no sentía apetito.


- ¿Y después?.

- Después vi Secretary...

- Ajá, si. Secretary. Todavía, después de todos estos años, no le puedo sacar la ficha a esa peli...Se zarpan, se zarpan y al final, Hollywood a full: terminan "casados". Siempre la misma mierda con Hollywood y su correc...


Me di cuenta que estaba hablando de un tema que mucho no importaba.


- Bueno...si...Bien ¿y?.

- Y después nada más. Hasta que un día Guille jodiendo me contó de vos, de lo que hacías allá y de cómo te gustaba y todo eso...

- Si, me acuerdo un día que estábamos en el profesorado y que hizo unas bromas...

- No, no. Me contó todo lo que vos le habías contado.


Me quedé mirándola.


- ¿Todo?.

- Todo.


Me pregunté si le habría contado de la obesa que tenía unos pechos que medían 130 centímetros, y a los que cubrí con más de 60 agujas cada uno y cera. O de la primera sumisa con la que sesioné, y lo desastroso de esa sesión cargada de nervios y de ganas de hacer todo junto de una sola vez. O de Susana, cincuentona, alta, grandota, que me hizo descubrir mi talento natural para el fisting. O de cuando le hice su primer fist a un sumiso, mi primer fist anal. ¿Para qué habré pensado en...cómo se llamaba?. 25 años, lampiño, lo vestí con un disfraz de mucama, lo obligué a maquillarse. ¡Qué bien tragaba!. Que buena col... Ah, no, eso no se lo conté a Guille. No sabe de todas mis inclinaciones sexuales, y en realidad no tengo mucha gente a la que cont...otra vez me fui de tema.


- Qué bocón...


Fernanda sonrió.


- Además eso, ¿no? - agregué. - Por ahí tomaba un par de vinos y me jodía en público. ¡Si una vez casi abre la boca cuando me estaba visitando mi vieja!.

- Si si...ya se...


Me quedé mirándola. Qué ganas de someterla en ese mismo instante, ponerle un collar, pasearla por el piso de mi casa. Pero tenía que esperar, explicarle, enseñarle; ella me tenía que dejar conocer sus fantasías, teníamos que entrar en confianza; siempre fui cuidadoso. Tenía que escucharla, aprender cuáles podían ser sus lim...


- Arrodillate y abrí la boca - ordené mientras me bajaba el cierre del pantalón y sacaba mi pija dura.


Ella no dudó ni un segundo: se arrodilló, abrió la boca, y solita, sin que le dijera nada, puso sus manos en la espalda. La agarré de los pelos y atraje su boca hacia mi pija, que tragó sin chistar. Empecé a cogerle la boca con fuerza y rápido, sin darle respiro. Tenía sus pelos agarrados con firmeza. No sabía muy bien porqué estaba actuando así...bueno, sí lo sabía, pero porqué no estaba respetando los protocolos, por así decirlo. Era muy estricto con eso. Cuidadoso. Respetuoso.


"Ma´ si".


- Sacate la ropa.

- ¿Me vas a someter ahora?.


Le pegué un cachetazo. Ella dejó de desvestirse.


- ¿Te di permiso para que me hicieras una pregunta o te di una orden?


Enseguida siguió desabrochándose la camisa. Me senté en una silla y la observé mientras las prendas iban cayendo al piso. Cuando se sacó el pantalón le ordené que se diera vuelta.


- ¡Que buen culo! - exclamé.

- Gracias - murmuró ella, no muy segura de si podía o no decir algo.


No podía. La di vuelta y le di otro cachetazo.


- Para lo único que podés abrir la boca es para tragarte mi pija.


Nunca había empezado así con ninguna sumisa, menos con una novata. Pero Fernanda obedeció. Se arrodilló y volví a meterle la pija en la boca. Ahora tenía los cachetes colorados, pero por mis cachetazos. Le apoyé la palma en uno de ellos y le di otro, mientras chupaba. Ella emitió un gemido pequeño, pero no dejó de chupar. Probé con el otro cachete. El gemido subió de volumen. Pero no dijo nada. Siguió y siguió sin parar. Sabía que no podía detenerse si yo no se lo ordenaba. Esa mañana estaba vendiendo motosierras y no se me pasaba mucho más por la cabeza que controlar la hora en el reloj de la pared del negocio para irme lo más puntual posible. Un par de horas más tarde estoy empezando a someter a la ex de mi mejor amigo.


"Hay algo en la secuencia que falla. Y qué bien que la chupa".


- Te voy a pasear. Ponete en cuatro patas - dije.


Por supuesto Fernanda obedeció.


Miré el reloj en la pared Era temprano. La tarde iba a ser larguísima. Usualmente llegaba a casa, comía algo y me dormía un rato, para volver al negocio. El encargado estaba de vacaciones "forzadas" (el dueño quería echarlo, porque, básicamente era un inútil. Lo mantenía en el puesto porque eran amigos, pero no mucho más que por eso) y yo estaba trabajando doble turno. Esa es una de las ventajas de vivir en un pueblo como este: trabajando medio tiempo, alcanza y sobra. Debo confesar que no extrañaba para nada la ciudad...a excepción de las posibilidades más amplias que tenía allá de conocer a una sumisa. Pero parecía que eso iba siendo cosa del pasado. Pensaba en esto mientras paseaba a Fernanda tirando de sus pelos.


- Si es demasiado, me decís, ¿si?.

- Si.


Me detuve. Levanté su cabeza tirándole más de los pelos.


- Si Señor. ¿Si?.

- Si...Señor.


Apreté sus cachetes y le di un beso profundo, largo. Después la solté y volví a hacerla dar vueltas a mi alrededor llevándola a la rastra de los pelos.


- ¿Aguantás?.

- Si Señor. Podés...


Se quedó callada.


- ¿Qué?.

- ¿Cómo tengo que hablar...le?.


Dejé de tirarle del pelo.


- ¿Cómo te sale?.


Estaba mirando al piso. Le miré el culo. En un rato iba a penetrárselo. Primero tendría que preguntar...no, no tenía que preguntarle nada. El "bocón" de mi amigo me había contado algunas cosas, entre otras, que ella adoraba el sexo anal.


- Tratarte de usted...tratarlo - se corrigió.

- Ok.


Se sentía raro. No era una sumisa que había conocido por internet. Ni siquiera estaba seguro que fuera una sumisa....bueno, sí... La miré bien: estaba desnuda en el piso de mi cabaña, la tenía agarrada de los pelos, le había pegado unos cuantos cachetazos cuando no me gustó lo que decía y le había explicado que tenía que decirme "Señor". Si no era sumisa, le pasaba raspando. Mi ex profesora, la ex pareja de mi amigo, ahora me trataba de Usted. La sensación que tenía en ese momento me hizo acordar a la primera vez que le acabé en la boca a mi mujer, a la que era mi mujer. Fue raro. En esa época me quedaban resabios de mi educación paterna, esa onda "están las esposas, y están las putas". La segunda vez que le acabé en la boca, se sintió menos raro. Para la tercera, no podía esperar a que ella me lo pidiera. Más adelante, la sumergí en los placeres del sexo anal. Se volvió adicta. Luego llegaron las primeras humillaciones livianas, y desp... Otra disgresión y van...


Quería tomarme todo el tiempo posible para torturar a la perra que estaba a mis pies. En una hora y media no podía hacer mucho y no quería apurarme. La dejé en cuatro patas, en medio del living y fui al dormitorio a buscar "el bolso mágico". Volví, abrí el cierre del bolso y empecé a revolver. Encontré la vaselina, un butt plug, un consolador macizo y una gagball.


- Arrodillate - ordené. Le puse la gagball. Fernanda ni se movió. Una vez que se la ajusté bien, me incliné por delante de ella y tomé sus pezones. - Vamos a ver -.


Empecé a tirar lentamente hacia arriba. Ella inspiró profundo. Llegado a cierto punto, comencé a retorcérselos despacio. Ella gimió. Le miré la boca. No faltaba mucho para que empezara a babearse.


- ¿Alguna vez él te hizo algo así?.


Movió la cabeza para decir que no.


Seguí tirando y retorciendo sus pezones hasta que el gemido se hizo más fuerte y la respiración comenzó a acelerarse y me detuve. Solté sus pezones de golpe, abarqué lo que pude de sus tetas con mis manos y empecé a apretarlas y estrujarlas. Fernanda gemía.


- Decí "basta". Necesito escuchar cómo suena.


Ella apenas si pudo articular la palabra.


- Si ves que no aguantás el dolor, decís "basta" y yo paro - le dije mirándola a los ojos. Ella movió la cabeza en sentido afirmativo. - No hay necesidad de que te hagás la guapa o la que resiste todo. No tenemos apuro. Esto no va a ser cosa de una sola vez -. La tomé de los pelos con suavidad y le giré la cabeza hasta que quedó mirándome a los ojos. - ¿Se entiende lo que dije?. Hoy apenas si estamos empezando. Le solté el pelo. Fernanda, la ex de mi amigo movió su cabeza para decir "si". La hice poner en cuatro patas de nuevo y, tomándola de los pelos, la llevé hasta la cama. Envaseliné su culo y le metí el buttplug.


Un - Ahhhhhhhhhhhh - se escuchó asordinado.


- Se va a quedar un muy buen rato ahí. Lo quiero bien dilatado para cuando lo penetre, puta.


De repente me asaltó el pensamiento de Mónica cogiendo con Guillermo. Mónica era la única que sabía de las inclinaciones sadomasoquistas de Fernanda. Era bastante lógico pensar que después de nuestro primer encuentro (llamarlo sesión era demasiado para lo que estaba haciendo. No creo que mis "colegas" me permitieran llamarlo así cuando se los contara por chat), se lo contara a Mónica. Mónica no sólo tenía la cola Top 1 entre las colas de mujeres de casi 40 / 40+, sino que su lengua también funcionaba de forma espectacular, y no sólo cuando la chupaba (al menos eso me había contado Guillermo). Era lo más parecido a un ofidio sin ser una serpiente de verdad. Las posibilidades de que Guillermo no se enterara de lo que hacía / empezaba a hacer Fernanda conmigo eran bastante cercanas al 0 (cero) absoluto. Si Fernanda y yo nos convertíamos en una pareja Amo-sumisa, en algún momento iba a tener que ocuparme de ese tema. Tiré de los pelos de Fernanda hasta que se quedó arrodillada. Me senté a deleitarme viendo como su saliva chorreaba sus pechos. Cada tanto, pellizcaba sus pezones, tiraba de ellos y la veía retorcerse.


- ¿Paro?.


Ella no decía nada. Yo tiraba más fuerte y volvía a preguntar


- ¿Paro?.


"No" decía moviendo la cabeza, mientras la saliva le bajaba por el mentón y luego bañaba sus tetas.


- Puta - decía yo tirando más fuerte de sus pezones. Ella aspiraba aire y aguantaba el dolor.

- ¿Hoy das clases a la noche?-. Movió la cabeza de manera afirmativa. La arrastré de los pelos nuevamente, la llevé al dormitorio, la subí a la cama (siempre tirando de sus pelos negros) y la puse apuntando contra la pared. La saliva ahora caía sobre las sábanas. - Después que me vaya a trabajar, te vas a quedar a ordenar mi cuarto y a cambiar mis sábanas. Te vas en remise y me alcanzás las llaves de casa al trabajo, ¿entendido?.


Ella no movió la cabeza. Le di un chirlo.


- ¿Entendido? - volví a preguntar.


Nada.


Esta vez fueron dos chirlos en cada nalga.


- Pregunté "¿entendido?".


De vuelta nada.


Fui hasta el living a buscar mi látigo de varias puntas en el bolso. La perra iba a recibir su primera azotaina de castigo. Volví al cuarto, me puse a su lado, levanté su cabeza de los pelos y le mostré el látigo.


- ¿Entendido, puta?.


Ella me miró desafiante. Le di sus primeros 20 azotes. No fui muy estricto. Parecía no haberse conmovido. Iba a tener que domar bien a esta yegua.


- ¿Entendido?


Ella se mantuvo firme. La segunda tanda de azotes fui bastante más estricto. Fueron 30, con más fuerza. Ella gimió, se quejó un poco, pero no dijo nada. Me acerqué de vuelta y le levanté la cabeza.


- Ya que sos tan guapa, no sólo vas a ordenar todo y cambiar las sábanas de mi cama, sino que vas a poner estas a lavar y vas a lavar los platos que dejé en la cocina ayer a la noche.


Parecía que de sus ojos salían llamas.


- Separá las piernas.


Le di 20 azotes extras en la cola, con más fuerza que los primeros 20.


- Y vas a barrer el living.


Fernanda seguía sin contestar. Era dura. Empecé a azotarle la concha. Tardó casi 3 azotes en darse cuenta qué le pasaba. Al quinto azote escuché que decía algo, ininteligible por la gagball que tenía en la boca. Dejé el látigo, aflojé la cinta y le quité la gagball.


- ¿Qué decías?.

- Si Señor...si Señor... - dijo en tono suplicante.


Tomé el látigo y le di 5 azotes más en la concha.


- Ay...ay...ay...ay...ay...

- ¿Paro caprichosita, o sigo?.


Se hizo un silencio. Podía escuchar su respiración agitada. Le coloqué otro latigazo.


- ¿Paro?.


La perra no contestaba.


"Y se hace la guapa. Le voy a sacar toda la guapez a azotes".


Enseguida le apliqué otros 4 azotes seguidos (no me gustan los números de azotes o castigos que no terminan en 0 o en 5. Taras que uno tiene. No se porqué seré así, ni porque... Si, bueno...volvamos a los temas importantes). Sus gritos se intensificaron.


- Y además, le vas a dar de comer a los perros.

- Si Señor.

- ¿Paro?.

- Si Señor, por favor.


En ese momento dejé el látigo, me saque la ropa, unté su culo con vaselina y sin más, la penetré.